Gloria Fuertes

Continuamos en esta semana del 8M recordando a unas poquitas de tantas artistas que han llenado y llenan nuestras vidas.

Ésta es la entrada dedicada a Gloria Fuertes. La poeta de “todos”, de niños y de mayores. Tanto es así que, para nuestra celebración del día mundial de la poesía el próximo 21 de marzo, las suyas son las más numerosas.

Gloria Fuertes nació en 1917 en Madrid, en el barrio de Lavapiés. Se la incluye en la “Generación del 50”, posterior al movimiento literario de la primera generación de posguerra. Dentro de su extensa carrera literaria, destaca su compromiso con el feminismo y la igualdad de género. De ella dijeron que era “un ejército de una sola mujer”. Hizo honor a su apellido y se mostró como un ser humano fuerte, acostumbrada a vivir y a escribir contracorriente, utilizando la palabra de forma llana y sin muchos abalorios. Sus versos nos hacen llorar a veces, nos hacen reír otras. Algunos duelen, otros sanan.

Os dejamos aquí dos de sus poemas más conocidos y autobiográficos. Esperamos que los disfrutéis:

Nota biográfica

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.

A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
a los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.

Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores
–no digo nombres–,
gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio.

Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta
–pero Dios y el botones saben que no lo soy–.

Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.

Crecieron las amapolas

Me dijeron:
– O te subes al carro
o tendrás que empujarlo.
Ni me subí ni lo empujé.
Me senté en la cuneta
y alrededor de mí,
a su debido tiempo,
brotaron las amapolas.