Sor Juana Inés de la Cruz

Queridas familias:

Continuamos en nuestra semana dedicada a las mujeres artistas con Sor Juana Inés de la Cruz.

Fue una religiosa mexicana que desafió los privilegios de los hombres y se convirtió en una de las escritoras más prolíficas del siglo XVII.

En el México de aquella época, conocido entonces por Nueva  España, nació en 1648 o en 1651 (parece que no está clara la fecha) esta niña con gran curiosidad y capacidad para el aprendizaje. El acceso a la educación estaba entonces reservado y guardado para el clero masculino y excluía a las mujeres. Ella desafío está situación de desigualdad a través de la educación, la erudición y la escritura. 

Aprendió a leer y escribir con tan sólo 3 años. Durante su infancia se dedicó a estudiar en la biblioteca de su abuelo, algo a lo que el resto de mujeres de su época no tenía acceso. Se dice que se metió a monja, entre otras cosas, para poder seguir dedicándose a sus aficiones intelectuales y en este sentido escribió : » _Vivir sola… No tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros_ » 

Fue un referente literario  del siglo de oro español y se relacionó desde su celda con escritores, filósofos e intelectuales de la época. 

Uno de sus poemas más famosos es Hombres necios, que os dejamos a continuación:

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana;
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejáos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.